Durante más de una década, Ulla, de setenta y cuatro años, ha cuidado de su marido impedido, un hombre mezquino y casi alcohólico. En el funeral, un único pensamiento ocupa su cabeza: ¡Por fin! Desde ese momento retoma el contacto con viejos amigos y vive cada día como si fuese el último. Sus hijos, ya adultos, tratan de poner límite a su recién descubierto desenfreno, pero no están preparados para el desafío que está a punto de aparecer de la mano de un caballero de cierta edad…

Una divertida historia llena de ternura y humor negro sobre cómo la amistad y el amor cambian cuando te haces mayor.

Resumen de la contraportada.

Si tengo que ser sincera, casi abandono el libro tras el primer capítulo. Le echo la culpa al sentido del humor tan nórdico que tiene el libro, ya que no me hacía nada de gracia (y en especial el primer capítulo es caótico, hasta el punto de no saber cómo ubicarte).

Después de las primeras páginas, la cosa se estabiliza y poco a poco comienzan a explicarte de forma ordenada lo ocurrido. Es un libro ameno, se deja leer y ofrece una visión de la viudedad del que no se habla normalmente. Siempre se piensa que quien se queda viudo/a se entristece, nadie dice que se quita un peso de encima o que siente alivio, y precisamente por eso me llamó tanto la atención este libro.

De todos modos, en la faja publicitario lo venden como “el libro que Carrie Bradshaw hubiese escrito de anciana”, y NO. Es una afirmación muy ambiciosa, y más teniendo en cuenta que el sentido del humor y el concepto de situaciones cómicas son muy diferentes entre americanos y nórdicos. Sin embargo, me ha enternecido mucho leer las vivencias y pensamientos de una mujer de tan avanzada edad, que de repente se ve libre y queriendo recuperar toda una vida perdida, luchando contra el paso del tiempo y buscando de aprovechar cada día que le quede (en contra de la opinión de sus hijos).

Es un canto a la esperanza de una vejez libre y divertida, como una segunda adolescencia. Da un giro radical al concepto de la “tercera edad”, quitando tabúes en relación al sexo, la bebida y las enfermedades, porque la diversión no excluye a personas mayores de sententa años.

En definitiva, es una novela tranquila, a ratos te pierdes un poco y a veces no comprendes muy bien las escenas en clave de humor, pero Ulla podría ser la abuela de cualquiera de los lectores, y eso siempre toca la fibra.

Alba Morales Rosa