Antes de nada, si te perdiste la entrada sobre el primer día en Granada, léela.

Tras levantarnos y desayunar en la cafetería “El Doce”, nos decidimos por la opción de callejear sin un rumbo fijo, porque así es como realmente surge la magia y conoces mejor la ciudad. Comenzamos por calle Elvira desde su arco hasta casi llegar a Plaza Nueva. No sé por qué, pero el instinto nos hizo girar hacia la izquierda, entonces encontramos un tesoro visual inigualable: la calle Caderería Nueva. Si vas casi al mediodía podrás disfrutar de un festival de colores que te dejará impactado/a. Todos los locales tenían productos artesanos propios de Granada, y además se respiraba un aura mágica.

Calle Calderería Nueva

Desde calle Calderería Nueva llegamos a la Plaza de San Gregorio y a la iglesia de Santa Ana. Son rincones muy especiales, es la mejor imagen que te puedes llevar de la ciudad (si no quieres la típica foto de turista).

A partir de ahí recorrimos todo el Paseo de los Tristes. En una de las bocacalles se encuentra una exposición sobre la Inquisición y sus métodos de tortura. Si eres de estómago delicado, te recomiendo no entrar, o si lo haces que no sea cercana la hora de comer, porque puede llegar a cerrarte el estómago.

Paseo de los Tristes I

Final Paseo de los Tristes, Alhambra

Por si no hubiésemos andado lo suficiente, llegamos hasta el parador de San Nicolás, el sitio perfecto para descansar los doloridos pies.

Por la tarde habíamos reservado hora para un pasaje relajante en el Spa Narcissus. Tienen una amplia gama de tratamientos estéticos y relajantes, tanto individuales como en pareja. El trato fue exquisito, el masaje de escándalo y muy bien de precio (45 minutos 35€). Casi llegué a dormirme de lo a gusto que estaba, me dejaron como nueva.

Masaje relajante Narcissus

Y hasta aquí el segundo día. En la próxima entrada toca visita a la Alhambra, no te la pierdas.

Alba Morales Rosa.