Por fin he acabado esta trilogía, que la verdad se me ha hecho cuesta arriba y no me ha quedado muy claro por qué ha sido así. Leí el primero con muchísimas ganas, y del tirón pasé al segundo, pero antes de llegar a la mitad se me quitaron las ganas. Así que he tenido que releer el segundo porque no me acordaba de gran cosa.

No sé si es porque he cambiado o qué, pero personajes como Axel, que antes me resultaban muy atractivos (física y mentalmente), ahora me repelen un poco. Ese comportamiento de hombre prehistórico, excesivamente protector y celoso… Es algo que ya no va conmigo como lectora, no me atrae para nada y me quita las ganas de leer.

Pienso que, para todo el misterio que hay en los dos primeros libros, al llegar al tercero todo se precipita de golpe, hay exceso de información y las situaciones se atropellan una detrás de otra. En esta ocasión no hay tanto detalle con respecto a los pacientes, Becca realmente trata a dos pacientes de forma conjunta y el resto son una especie de descanso (por no spoilear mucho).

Axel quiere ser comprendido y perdonado, que se le permita el comportamiento que tiene sin pedir explicaciones, y que se le haga caso en todo (porque según él, siempre tiene razón). Cuando la situación no va de ese modo, se enfada como un crío y se vuelve la persona más fría del mundo. Su forma de enfrentar las situaciones me parece injustificable, me da igual que tenga traumas, que haya pasado por mucho, nada justifica ese comportamiento troglodita.

Ingrid, Bruno, Fayna y los demás siguen sin cambios (hay que pensar que los tres libros trascurren a lo largo de poquitos meses, así que no se pueden ver cambios significativos).

Lo que sí que valoro mucho en este libro (y en la saga completa) es la explicación sencilla de las distintas fobias, el procedimiento de choque para enfrentarlas… Da soluciones muy asequibles para cualquier lector que pueda sentirse identificado, o incluso para saciar la curiosidad de aquellos que se interesen por la psicología.

En resumen: un libro del montón que no me parece que tenga algo que ver con la autora, se aleja mucho de la fuerza y el gancho de la saga Vanir. Si tuviese que hacer una comparación con otro libro actual, diría que es la versión floja de la saga “Los chicos del calendario” de Candela Ríos.