¿Puede ser una historia más bonita y desgarradora? No, no puede. Tengo un nudo de emociones dentro, no sé ordenar todo lo que quiero decir en la reseña, mis pensamientos son un caos. Me parezco repetitiva cuando se trata de hablar sobre un libro de Elísabet, me remueve tanto que me repito reseña tras reseña. Sus libros son de los que se paladean rápido y a la vez despacio, que se asientan en tu mente con los días, sus personajes y lo que sienten te marca a fuego por dentro. Lo bueno es que la propia autora tiene un tablero en Pinterest donde puedes ver cómo se imagina ella todo lo que ha escrito, puedes ir más allá de una simple lectura, puedes meterte literalmente en ese universo, en el Alejadría y casi oler el café que le has pedido a Sofía.

Esta historia viene con aroma a café, con la magia del Café Alejandría, con las calles céntricas de Madrid, y con un puñado de personas con sus días buenos y sus días malos.

Como en todos sus libros, Elísabet nos plantea una situación muy compleja y delicada, que te remueve cosas por dentro, que te hace plantearte si tu opinión es la correcta o no, te obliga a abrir un poco la mente y a pensar: “¿Haría yo lo mismo en su lugar? ¿Habría sido capaz de hacerlo mejor/no equivocarme?”. Y esa esencia es la que tanto me gusta de estos libros.

Sofía trabaja en el Alejandría y está muy enamorada de su trabajo. Vive casi al lado con un compañero de piso llamado Julio y su hurón Roberto, y ya no busca el amor, a pesar de que tan solo va a cumplir 30 años. Tiene una gata llamada Holly y unos buenos amigos llamados Oliver, Abel (compañero de trabajo) y Mamen. Vive pensando que el tiempo se le escapa, aunque está muy a gusto con su vida y no cambiaría nada. A pesar de ser feliz, los prejuicios externos le hacen plantearse si esa es la vida que debería llevar el resto de su vida, si está bien no aspirar a más. Pero todo eso cambiará el día en que Héctor aparezca en el Café Alejandría.

Héctor tiene 34 años, lleva ocho viviendo en Ginebra con su novia Lucía. Decide que ya es hora de probar suerte con asentarse de nuevo en Madrid. Piensa volver seis meses, y si se asienta que vuelva también Lucía para vivir juntos en Madrid. Eso sí, Héctor no contaba con la magia del Alejandría. Esa magia haría que su vida se pusiese patas arriba. Los cimientos de toda su vida se vendrían abajo sin casi darse cuenta.

Oliver, Mamen, Abel, Lucía… Todos ellos son secundarios casi tan protagonistas como Sofía y Héctor. Cada uno con su vida y sus problemas, con los que empatizamos muchísimo.

La vida es una montaña rusa llena de magia. Si no creemos en ella y la cogemos al vuelo, se nos escapará para siempre. Elísabet lo ha vuelto a hacer, me ha hecho sentir que hay magia en el mundo.

Sobra decir que ya estoy con su segunda y última parte, ¿no? Pronto reseña de La magia de ser nosotros.

Alba Morales Rosa

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